La novela cuenta la historia de Abd-Alláh, un joven de diecisiete años que es nombrado emir del reino musulmán de Granada, gobernado por los Banu-Zirí de la tribu bereber de los Sinhaya, sucediendo a su abuelo Badis. El Consejo Tribal que lo elige nombra un visir-regente para gobernar. A los 25 años logra ser reconocido mayor de edad y comienza a administrar su reino. Enseguida es atacado por sus enemigos, tanto en el interior como las taifas vecinas de Ishbiliya (Sevilla), al-Mariyya (Almería), o su hermano Tamím desde Malaqa (Málaga). En esa época, las comunidades del libro: judíos y cristianos, son importantes en Granada e influyen en la vida política del reino. Por otro lado, la presión política y económica del reino de Castilla-León hace que las taifas andalusíes llamen a los almorávides, —un imperio musulmán islamista de monjes-guerreros que ha conquistado el norte de África—, como salvación en su lucha contra los cristianos. Al final, los almorávides se quedarán con todo al-Andalus y Abd-Alláh y otros dirigentes musulmanes son muertos o trasladados a África.
Abd-Alláh presenta una similitud histórica con el sultán Boabdil, que unos siglos después tiene que abandonar Granada en compañía de su madre, y terminar sus días en África.